CUANDO LA CALLE HABLA, EL PALACIO TIEMBLA

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En el Día de los y las Periodistas, compartimos las reflexiones de un gran amigo, compañero, académico y periodista de los que hacen falta, publicadas esta mañana en el portal 4Palabras. Anochece con llovizna en este 7 de junio y la multitud sigue homenajeando en Avellaneda al Indio Solari, en el estadio José María Gatica, otro inolvidable ídolo popular del deporte. Todo empezó ayer en Plaza de Mayo, y en múltiples plazas del país, siguió con el banderazo en el Obelisco (reprimido por la policía de la Ciudad), para confluir en la gran “Misa” ricotera en Villa Domínico, que aún continua al momento de esta publicación.


Por Washington Uranga

 

Ni protocolos absurdos ni censuras pudieron frenar el sentir popular por el Ni Una Menos y la partida del Indio Solari. No podríamos adentrarnos en lo acontecido esta semana sin mencionar dos hechos diferentes en muchos sentidos, pero ampliamente conectados: la

movilización NiUnaMenos y la partida del Indio Solari. A ambos temas vamos a dedicarle un espacio en esta recorrida de los acontecimientos semanales. Pero permítame que –ya desde la introducción– le diga qué es lo que –a mi juicio– conecta los dos hechos: la irrupción de lo popular, del pueblo, en la calle. Para volcar allí y en los dos casos sus sentimientos, su sentir, sus manifestaciones y deseos, también las demandas, los reclamos y los agradecimientos. Lo hicieron las mujeres (y tantos otros que acompañaron la marcha de los feminismos y las disidencias) llorando por el femicidio de Agostina, la niña cordobesa, pero al mismo tiempo reclamando por los derechos reconocidos a partir de muchas luchas y que, sin embargo, no logran detener la muerte infame de tantas mujeres, algo que desde el poder intentan ocultar o desconocer.

 

La marcha de NiUnaMenos fue, sin duda, un grito de dolor, una expresión más de rebeldía frente a las injusticias. Pero a pesar de ello no faltó el color, la alegría, a caballo de demandas traducidas en propósitos colectivos, en compromisos de muchas y muchas para buscar cambios, para construir alternativas. El dolor por el femicidio de Agostina y de todas aquellas mujeres asesinadas, por su condición de tales, cada 31 horas en la Argentina no remite a la inmovilidad, a la parálisis. Tal como quedó demostrado sigue convocando a la lucha, a la reivindicación desde la movilización y en la calle.

Permítame que, con mucho atrevimiento de mi parte, me interne también en algunas consideraciones sobre el acontecimiento político-cultural generado por el fallecimiento del Indio Solari. Lo hago pidiendo perdón a los ricoteros genuinos, a todas y todos esos que se han sentido parte de lo que es un movimiento, una ola, pero también una manera de habitar esta sociedad desde la irreemplazable vivencia de su propia historia. Por muchas razones no es esa mi historia personal, pero eso no me impide ver y admirar la incontrastable realidad de este fenómeno y de esta vivencia afincada en raíces de lo popular, quizás solo comparable con la fe maradoniana que se entrecruza y emerge en las mismas fuentes.

Suscribo entonces la caracterización excelente que hace el colega Néstor Leone para 4Palabras: “Profeta terrenal de paraísos perdidos y profecías lejanas pero posibles. Sensibilidad persuasiva y ligazón perdurable, de algún modo. Bastante más que magnetismo arriba del escenario, particularidades vocales, lírica hipnótica e impronta de francotirador. Partes de un todo que las excede”.

Con la salvedad y la excusa de mi parte le digo también que el Indio no se fue. Está y seguirá estando en medio de miles y miles de ricoteros que espontáneamente se volcaron a las calles y a las plazas. Sin convocatoria alguna, por propia iniciativa y convencidos de que iban al encuentro y al abrazo con otras y otros reconocidos como amigos y semejantes aunque desconociendo su nombre y su origen… porque los une la identidad de ricoteros constituida y convocada por el Indio a lo largo de su vida, con su historia, con sus canciones, con su manera de ser, también por los silencios compartidos.

En medio de tantas desolaciones cotidianas con su arte y sensibilidad el Indio representó sentimientos, alegrías y frustraciones atravesadas en la vida de tanta gente que lo siguió por el país y sintió que su arte, su música, lo representaba. Sin pedirle nada, sin exigirle otra cosa que compartir con el de al lado la fraternidad, el mate o el choripán. También el disfrute, el pogo y la celebración. Todo en el espacio público, en la calle. Ese espacio público del que tantas veces quisieron privarlo al Indio –y de hecho lo hicieron– pero que él supo superar para, humildemente, instalarse en el corazón colectivo de los sectores populares.

Ahí está la conexión entre las marchas de NiUnaMenos y el pueblo que se volcó a las calles y a las plazas para despedir a su ídolo. Con dolor, pero sin perder la alegría, consciente de la gravedad del momento y de las situaciones críticas que se viven, pero sin abandonar la esperanza y sin dejar de exponer sus propósitos de cambio. Unas, unos, todas y todos, apropiándose con absoluta legitimidad del espacio público, de las calles. Sin perder permiso, sin prestarle atención a absurdos protocolos de seguridad que lo único que buscan es restringir la participación, impedir la libre manifestación de los sentires populares. Paradójicamente quienes dicen hablar en nombre de la libertad son los mismos que hacen todo lo que está a su alcance –a veces lo logran– para impedir que las manifestaciones de la libertad fluyan espontánea y naturalmente. ¿Queda claro por qué este Estado a cargo de Milei no fue capaz de brindar un espacio público para despedir al Indio? Seguramente porque temen que en el espacio público, en la calle, florezcan los retoños de democracia que –a pesar de la aparente apatía y desmovilización– siguen habitando en las comunidades, en los grupos, en las organizaciones. Son los espacios que ellos quieren aplastar con represión, con censuras y con entrega de patrimonio y soberanía mediante normas y leyes revestidas de absurda y dudosa legalidad.

NiUnaMenos y las manifestaciones populares por la partida del Indio se conectaron esta semana en la calle, en el espacio público reapropiado. A no perderlo de vista en medio del desconcierto de la política y de los políticos, de la falta de organicidad de las propuestas. No existe apatía política popular cuando hay transversalidades que convocan. Quedó demostrado ahora y en las marchas por la educación.

Hoy es 7 de junio. En la Argentina celebramos el día del periodista. Vaya nuestro abrazo fraterno a las y los colegas que siguen ejerciendo esta profesión con rigor ético y capacidad profesional… y a pesar de los magros salarios. Sin perder de vista que la comunicación es más que el periodismo y es un derecho humano fundamental en democracia, para que todas y todos los ciudadanos tengan la posibilidad de decir y escuchar en el espacio público. Es importante que, a falta de otra oportunidad, este derecho sea reivindicado y reafirmado en esta ocasión. La comunicación es un derecho humano y el espacio público no se negocia.

 

*Nota de la Redacción: Cobertura de FM Reconquista de los comienzos de la “Misa” ricotera en Plaza de Mayo, en la tarde del sábado 6 de junio: https://youtu.be/zpHfrvW86Ts